Cada vez son más las empresas que dotan a sus trabajadores de tarjetas RFID para rastrear aspectos como la entrada/salida de la oficina, o su ubicación en un momento determinado. El problema del uso de la tecnología para estos menesteres radica en la alta capacidad de almacenamiento de los tags RFID: hasta 300 palabras para una etiqueta a 13,56 MHz, lo que lleva a las compañías a almacenar allí todo tipo de datos que se gestionan, en la mayoría de ocasiones, vulnerando la privacidad del trabajador. El siguiente artículo, publicado por RFID Journal, detalla los límites y las soluciones a este problema.

Las compañías necesitan desarrollar políticas explícitas que gobiernen la información recogida por los sistemas de acceso RFID, y ser más transparentes con los trabajadores a la hora de manejar estos datos. Esta es una de las conclusiones a las que llega el reportaje, elaborado por Ann C. Logue

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