Según explica el autor «el crecimiento estimado del tráfico aéreo en Europa pasará de 1300 millones en 2006 a unos 2000 millones en 2020. Este es también el reto que las empresas de soluciones tecnológicas en este sector deberán ser capaces de asumir».

Y agrega que «este crecimiento vendrá acompañado de nuevos escenarios que provocarán nuevos hábitos en los viajeros. Por un lado, la auténtica revolución que está suponiendo la irrupción de las compañías low cost (Low Cost Carrier o LCC) en los mercados considerados como short-haul, es decir, de corto recorrido, conllevará un cambio drástico en las condiciones del mercado aéreo».

Es por ello que muchos aeropuertos han iniciado ya pruebas piloto incorporando la tecnología RFID en algunos de los procesos propios de la operativa. Quizás el ejemplo más claro es la identificación del equipaje con etiquetas RFID, donde los beneficios de esta tecnología, en contraposición con los sistemas de seguimiento existentes de código de barras, son rápidamente percibidos: los chips se leen a medida que pasan a través del sistema de transporte de equipajes del aeropuerto, permitiendo una clasificación efectiva, minimizando errores y permitiendo una entrega segura al avión. Las maletas que llegan se leen a la entrada del sistema de equipajes para un seguimiento efectivo. De esta forma, la trazabilidad es completa: los chips permiten hacer el seguimiento de las maletas en cada etapa del viaje, minimizando errores y aumentando la seguridad.

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