La manera de mejorar el nivel de trazabilidad de los alimentos es el objetivo de nuevas tecnologías como la sensorización o la RFID. Hoy en día, el futuro pasa por las etiquetas electrónicas que sustituirán al código de barras. Asimismo, una de las asignaturas pendientes es que el consumidor pueda acceder a toda la información de trazabilidad.

El director de la Estación Experimental de la Fundación Cajamar, explica que «la tecnología actual ya hace posible que un comprador pase un código por su teléfono móvil y conecte con la web de la empresa que ha producido el alimento, o incluso vea por webcam el campo donde se ha cultivado».
 
En tanto, las etiquetas inteligentes se utilizan en los procesos logísticos de cada vez más compañías. Basten dos ejemplos muy diferentes: la cooperativa cordobesa Covap, que las utiliza en el salado de jamones, y la multinacional americana Wal-Mart, que las exige ya a sus proveedores. Lo que falta es que el nuevo sistema, más rápido y capaz de acumular más datos, se extienda a toda la cadena de suministro. 

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